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Conozca a la mujer judía que reinventó el Museo del Pueblo Judío

Irina Nevzlin no supo que era judía hasta la edad de siete años, y aun así no estaba muy segura de ello. O sea que es realmente notable que una nativa de la ciudad de Moscú – que creció en la Unión Soviética bajo un escudo de privilegios y protección – es ahora la fuerza impulsora de la masiva reestructuración por la que está pasando el Beit Hatfutsot – el Museo del Pueblo Judío en Tel Aviv, por un monto aproximado de 100 millones de dólares.

El padre de Irina, Leonid Nevzlin, es un oligarca ruso notablemente rico (Forbes estima su capital en dos billones de dólares). En el pasado, fue uno de los principales accionistas de la compañía petrolera Yukos, la cual fue expropiada por el gobierno ruso a principios de los años 2000, tras una falsa campaña de difamación y acusaciones.

Después de que el socio de Nevzlin, Mijael Jodorkovski – uno de los hombres más ricos de Rusia y potencial rival político de Putin – fue encarcelado tras una serie de juicios kafkianos, también Nevzlin entró en conflicto con el Kremlin durante más de una década.

Como todo padre, Nevzlin buscó proteger a sus hijos de las amargas consecuencias de la Guerra Fría y del antisemitismo que acompañaron su propia vida desde niño. Como era una figura pública, los rusos sabían que él era judío, pero en su casa y en el entorno familiar nunca se mencionó su acervo judío, y todas las reliquias de carácter religioso fueron retiradas de su casa.

Por causa de esa realidad, en 1985, cuando Irina estaba caminando por una de las calles de Moscú, y un desconocido le profirió una serie de improperios, incluyendo entre ellos la palabra “judía”, ella quedó desconcertada. Siguió hasta la escuela, donde encontró a su abuela, que enseñaba allí, y le preguntó qué es lo que el desconocido quiso decir con tal “injurio”.

“No tenía idea de que era judía”, dice Nevzlin, hoy con 37 años de edad. “Mi abuela me dijo dos cosas: En primer lugar, hay sólo dos judíos en esta escuela, tú y yo; y en segundo lugar, nunca hables sobre ese tema aquí”.

Pero en la Unión Soviética, algunos secretos eran imposibles de mantener. Nevzlin no era en realidad la única alumna judía en su escuela. Unos años después, cuando uno de sus compañeros de clase fue transferido a una escuela judía privada, él le insistió para que fuera con ella. Se sintió como obligada a ir. Decidió visitar la escuela por un día para ver si le agradaba, y terminó sorprendida por la atracción que esa escuela ejerció sobre ella.

“El motivo por el cual trabajo hoy en el Beit Hatfutsot, radica en el hecho de que fui recibida en esa escuela”, explica Nevzlin. “Cuando entré en la escuela, tuve la sensación de que finalmente había llegado a casa. Fue algo que nunca había sentido antes”.

Al igual que otras escuelas diurnas, el plan de estudios incluía las materias básicas – literatura, matemáticas y ciencias – a lo que se agregaban estudios del idioma hebreo, de la tradición judía, de la historia de Israel y del Pueblo Judío. La familia de Irina no se mostró muy feliz de que su hija, de repente, quisiera investigar abiertamente sobre su judaísmo e se involucrarse en ciertos aspectos de la tradición, pero, como ella dice, tenía 13 años y ya era muy experta en el arte de las negociaciones.

“Siempre he sido así”, dice esbozando una leve sonrisa. “Si se ha tomado una decisión, no hay mucho lo que venir a decirme después”.

Actualmente, Nevzlin ocupa el cargo de Presidenta de la Junta de Directores de Beit Hatfutsot, y dice que puede señalar aquél primer día que visitó la escuela judía, como el momento que definió su futuro como mujer y como judía. El descubrimiento de la comunidad judía y el lugar que se hizo dentro de ella, dice, la cambió para siempre.

“Es lo que me ha definido como persona, más que cualquier otra cosa”, dice Irina. “Cuando pienso cómo es que acabé en Beit Hatfutsot, concluyo en que fue por ese sentimiento que experimenté, de ser parte de una familia y de pertenecer a algo que es más grande de mí misma”.

Cuando terminó la escuela primaria y después de trabajar durante algunos años en Moscú, Nevzlin obtuvo la licenciatura y maestría en Economía y se trasladó a Londres, trabajando como lobista y relaciones públicas durante varios años. Su padre huyó de Rusia y se trasladó a Israel en 2003, debido a que el gobierno lanzó contra él y sus negocios una ofensiva difamatoria. En 2006, Irina decide seguir los pasos de su padre y hace aliá.

Actualmente, vive en Hertzlia con sus dos hijos, Yasha, de 7 años, e Ilya, de 4 años, y pasa sus días dirigiendo uno de los más ambiciosos proyectos de reestructuración de un museo ya nunca visto en Israel.

Cuando se inauguró en 1978, Beit Hatfutsot, que está situado en el campus de la Universidad de Tel Aviv, fue pionero en la introducción de tecnologías, incluyendo ordenadores y pantallas audiovisuales.

En ese momento, sus fundadores imaginaron que fuese como un depósito central para la amplia y diversa historia de la Diáspora judía en su totalidad. Con el paso del tiempo, el número de visitantes al museo fue decayendo, y venían para ver principalmente sus dos atracciones principales: una extensa base de datos de nombre judíos que podían ser investigados por aquéllos que buscaban información sobre sus antepasados, y una encantadora exhibición de modelos de sinagogas de todo el mundo.

Actualmente, contando con Nevzlin a la cabeza del proyecto, y con el apoyo del Gobierno de Israel, el museo está renaciendo bajo un nuevo nombre: El Museo del Pueblo Judío. La Fundación Nadav, que fue establecida en 2003 por el padre de Irina y dos de sus socios en los negocios, contribuyó con aproximadamente 20 millones de dólares, de acuerdo a los datos suministrados por el museo.

Como Presidenta de la Junta de Directores, Nevzlin está involucrada en todos los aspectos de la reforma, incluyendo la presentación de los planos, el contacto con judíos de la Diáspora, y dirigiendo una plantilla de cientos de diseñadores, planificadores e investigadores académicos.

La gran apertura, una vez concluida la reforma, está prevista para 2018, pero la primera fase será abierta al público en mayo de 2016, la cual incluye cuatro exposiciones: la historia de Bob Dylan; un panorama sobre los superhéroes judíos; la historia de la Operación Moisés,  y versiones actualizadas de las reformas efectuadas tecnológicamente en los famosos modelos de las sinagogas.

Tres meses antes de dicho acontecimiento, en febrero del próximo año, el museo lanzará su proyecto en línea, una base de datos completamente actualizada de los apellidos judíos georreferenciados, permitiéndoles a los visitantes introducir todo lo que sepan sobre su historia familiar, y aprovechar e imbuirse al instante de una amplia información sobre sus antepasados y las comunidades de las cuales provienen.

En su esencia, explica Nevzlin, el relanzamiento del museo pretende realmente conectar a los visitantes con la historia del Pueblo Judío, instruirlos sobre la manera de hacerlo, de modo tal que ellos mismos se sientan parte de él.

“Existe una profundidad y una riqueza particulares en nuestra historia, y si no la contamos apropiadamente, las personas pueden no sentirse conectadas con ella”, dice Nevzlin. “Vivíamos en un mundo donde la información era algo exclusivo, pero eso ya no es actual. Estamos construyendo un museo que te cuenta la historia. Te hacemos parte de la historia”.

(JTA Jewish Telegraphic Agency, by Debra Kamin, translation: Kalman Gabay, photo: Yanai Yejieli)

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http://www.jta.org/2015/11/05/arts-entertainment/meet-the-jewish-woman-whos-reinventing-the-museum-of-the-jewish-people

Beit Hatfutsot Great Hall of Synagogues

Una representación de la nueva galería de modelos de sinagogas en el Beit Hatfutsot – El Museo del Pueblo Judío. (Cortesía de Beit Hatfutsot).

 

Beit Hatfutsot