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De Los Discursos Notables: Los Seis Millones De Fiscales De Guidón Hausner

Traducción al español: Kalman Gabay

En una mañana gris del 11 de abril de 1961, a las 9 de la mañana, una figura delgada, de cabellera rala, vestida de traje y llevando lentes oscuros, ingresó a la cabina de vidrio en la sala del Beit Haam, en Jerusalén. Se sintió el murmullo de la audiencia presente. El hombre se sentó, mostrando un ligero espasmo en la comisura de sus labios. Las cámaras de la televisión se enfocaron en sus delicados dedos, esos que hace 75 años atrás, firmaron con pulso firme uno de los documentos más siniestros e infames de la historia de la humanidad. Ese hombre era Adolf Eichmann. Hace 27 años, el 15 de noviembre de 1990, falleció Guidón Hausner, el Procurador General en el juicio de Eichmann, y que pronunció uno de los discursos de apertura más icónicos en la historia del Pueblo Judío y del Estado de Israel.

La primera semana del juicio de Adolf Eichmann, el arquitecto de la “Solución Final” al problema judío, se dedicó a los detalles técnicos – discusiones sobre la legalidad de los procedimientos de captura y arresto del acusado; la autoridad del Estado de Israel para juzgarlo, y otros asuntos de carácter legal. De los aparatos de radio en todas y cada una de las casas, emanaba la voz inolvidable y el acento típico de Hausner, que se adueñaría de la onda radial durante los próximos meses. Él era el Procurador General del Estado y el fiscal principal en el juicio a Eichmann. Miles de personas se reunieron frente a las pantallas de televisión que se instalaron en el exterior del Monasterio Ratisbona, en el barrio de Rejavia, Jerusalén, asistiendo a los debates que se desarrollaban en el pequeño recinto del tribunal, atiborrado de espectadores. Entre los que seguían los debates ante las pantallas, estaban dos jóvenes alumnos, Tamar y Amós, que desertaron de la escuela para ver a su padre, Guidón, entrar en la historia.

Durante esa primera semana de debates procedurales en el juicio, Hausner continuó trabajando sobre el discurso de apertura. El primer esbozo, fue enviando al entonces Primer Ministro de Israel, David Ben Gurión, quien escribió sus comentarios y sugerencias, que Hausner consideró cuidadosamente, aunque había tomado la determinación de asumir las decisiones finales por cuenta propia.

La noche anterior al gran discurso, los niños Tamar y Amós estaban escuchando a escondidas detrás de la puerta del dormitorio de sus padres. Hausner estaba aún empeñado en finalizar su discurso. De vez en cuando despertaba a su esposa, Yehudit, y le pedía su opinión. Luego, volvía a sus papeles, reescribiéndolos y corrigiéndolos una y otra vez. (Tami Ravé, abogada e hija de Hausner, relato este episodio años más tarde, durante una entrevista periodística). A las 2 de la mañana, Yehudit escuchó la versión final, que horas más tarde haría estremecer los corazones de millones de judíos en todo el mundo: “Cuando estoy aquí, frente a ustedes, Jueces de Israel, para dirigir el enjuiciamiento de Adolf Eichmann, no estoy solo. Conmigo están seis millones de fiscales. Pero ellos no pueden ponerse de pie y señalar con dedo acusador al que está sentado en el banquillo y gritar: ¡Yo acuso!, porque sus cenizas están dispersas en las colinas de Auschwitz y en los campos de Treblinka; fueron llevadas por las corrientes de los ríos de Polonia. Sus tumbas están dispersas a lo largo y ancho de Europa. ¡Su sangre clama! pero su voz no se escucha. Por lo tanto, seré su portavoz y, en su nombre, formularé la increíble acusación”. Yehudit le dio su aprobación final. Tamar y Amós volvieron a sus camas y el silencio reinó en la casa.

En el prefacio de la nueva edición del libro de Hausner “Justicia en Jerusalén”, el entonces Presidente de Israel, Shimón Peres, escribió:

“El corazón de la nación se estremeció cuando Hausner pronunció su discurso de apertura en el histórico e inolvidable juicio, que se grabó para siempre en los anales de la historia. En ese momento, cada judío se sintió profundamente identificado con el fiscal. Porque él no estaba hablando solamente en nombre de las víctimas, sino también en nombre de cada judío y en nombre de cada hombre y mujer con valores éticos y humanos en todo el mundo. Su discurso feroz y profundo, fue la voz de la justicia, de la moral y de la imagen de Dios personificada, frente al hombre en la cabina de vidrio, que representaba el más puro mal del diabólico monstruo nazi, sin parangón en la historia de la humanidad”.

Hausner leyó su discurso durante dos días. Fue transmitido en vivo por la radio. Las históricas palabras de Hausner, despertaron en cientos de miles de oyentes, no sólo el recuerdo de experiencias personales amargas, reprimidas durante años, entre los sobrevivientes del Holocausto, sino también un profundo y chocante dolor, entre todos aquellos que nunca habían escuchado, de manera tan tangible, sobre la verdad de lo sucedido, el horror de los hechos. Al día siguiente, cuando Hausner terminó de pronunciar el discurso de apertura, el pueblo de Israel – a pesar de su tremenda angustia y dolor, salió a la calles a festejar el 13° aniversario de la Independencia del Estado de Israel.

 

Ushi Derman